jueves, 3 de mayo de 2007

Calexico, la ansiedad y válvulas de escape...


Me preparo un café para actualizar este blog (dado que existe quien suspira por verlo actualizado) y me pongo "A feast of wire" de Calexico. Entonces se aproxima uno de esos momentos de autocomplacencia en los que uno se encuentra cómodo consigo mismo y con la elección estética del momento. Idiocia, o no, pero cunde. Poco a poco la voz de Joey Burns parece acompañarte al volante de un viejo carro por alguna estatal de Arizona. Es una música ideal para conducir.
Pero algo en el fondo araña y golpea estos momentos de paz. Entonces uno toma consciencia de la pérdida de productividad que suponen momentos como éste y el precio a pagar por ello a corto plazo. Pero, de alguna forma, uno se autoconcede crédito frente a la ansiedad y se justifica y se refugia en cualquier cosa. Como por ejemplo, un buen libro que te enfrasque durante varias horas.
Estoy empezando con "Un día más de vida" de Ryszard Kapuscinski. La historia empieza en octubre de 1975, en aquella Luanda asediada por el FLNA y en la cual los últimos grupos de la PIDE portuguesa sembraban el pánico en los barrios negros en donde cientos de europeo perdían el cuello y las extremidades. Dede el Hotel Tívoli un reportero polaco decide quedarse hasta el final, esperando la protección de la guerrilla comunista, el MPLA, que controla a su vez parte de la ciudad pero que también está en guerra contra el hombre blanco. A partir de esa tarde, calurosa, húmeda, hedionda, en la que toma la decisión de quedarse, empieza una nueva forma de vida. Y apenas son unas breves notas las que llegan al exterior.
La guerra de Angola es, bajo mi punto de vista, uno de los ejemplos más claros de cómo el modelo europeo es difícilmente exportable a África. Tampoco es cuestión de hablar de dispersión de la violencia, ya que nunca la metrópoli había ejercido una autoridad fáctica demasiado consistente en un territorio catorce veces más grande y denso, lleno de ríos imposibles de vadear. La Australia portuguesa; para sacar esclavos, café, diamantes y para recluír a condenados por delitos políticos. Mientras, en la jungla, los conflictos tribales se mantuvieron prácticamente ajenos a nuestra Historia hasta que un agente soviético o de la CIA empezó a suministrar armas más eficientes que el hacha.
Volviendo a mi taza de café, ya vacía, así uno se sumerge durante horas y olvida el pragmatismo. Con haber logrado que uno de vosotros, leyendo este artículo, haya olfateado un poco la jungla húmeda y haya sentido un cierto miedo instintivo, me doy por contento. Entonces habré conseguido crear un pequeño vínculo con vosotros. Ahora, volvamos todos a lo que estábamos haciendo.

No hay comentarios: